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martes, 25 de enero de 2011

Adelantan el futuro


MELBOURNE.- Juan Martín del Potro, de 22 años, ya parece un superexperimentado en comparación con ellos. Rafael Nadal, ni hablar: con sus 24 bañados en gloria, impresiona como un veterano. El Abierto de Australia presentó las nuevas cartas del circuito, rostros de una generación que aterriza para inquietar a los grandes. La ATP es un circo rodante que fascina, pero que no les da respiros ni concesiones a los jugadores. Bien puede dar fe el tandilense, que en este certamen sintió el rigor del regreso y cuán duro deberá seguir entrenándose para volver a los primeros planos.


Todos quieren hacerse un hueco y ser parte de la historia. Alexandr Dolgopolov (46°), mirada relajada, colita para el pelo y cutis adolescente, se lanza como una bala para llegar a las líneas y trae de regreso todas las pelotas. Rompe los pronósticos en el Rod Laver Arena con una marcha de correcaminos. Contemporáneo de Delpo con 22, el ucraniano pegó su primer impacto al eliminar aquí al francés Jo-Wilfred Tsonga y a continuación se cargó al sueco Robin Soderling (4°). Su horizonte, ahora, son los cuartos de final ante el británico Andy Murray. Es el intruso, el único no preclasificado entre los ocho mejores. Lo más interesante: el de Kiev apenas jugó cuatro Grand Slams y ya logró este resultado.


La vida de Dolgo sólo puede entenderse envuelta en los rituales de este deporte. Su padre, Oleksandar, era el entrenador de Andrei Medvedev, a quien llevó hasta el 4° puesto del ranking en 1994. Mientras tanto, el pequeño acostumbraba corretear por la sala de jugadores desde los 3 años. Todavía recuerda Dolgopolov cómo Thomas Muster y Marc Rosset lo entretenían con juegos y minipartidos. Era una mascota que se pasaba más tiempo con su papá en el circuito que yendo a la escuela. El final era cantado: por transmisión genética se volvió profesional. "Una vez mis papás me perdieron en un torneo y quedé rodeado entre la gente; yo no sabía ni leer ni escribir. Cuando me encontraron, la gente me había pedido algunos autógrafos y yo les llegué a garabatear cuatro letras: Alex", cuenta este fanático del rally, que por dolencias de sus piernas prefiere el polvo de ladrillo. Ya dio el visto bueno para jugar los ATP de Buenos Aires y Acapulco. "Pertenezco a una nueva camada de jugadores que se meterá en el Top 50. Todos tenemos algo; sólo necesitamos crecer y lograr mayor consistencia", estima.


Milos Raonic (152°) es un gigante de 20 años y 1,96 metros que golpea la pelota con la robustez que se desprende de su cuerpo. Proveniente de la qualy, su ilusión se cortó en los octavos de final, pero martilló a David Ferrer con un saque humillante (230 km h).


 ejecutado hasta con desprecio. Su familia montenegrina escapó de la Guerra de los Balcanes en 1994 y recaló en Montreal, Canadá, donde Milos creó su identidad tenística. Pero su formación no concluye ahí, ya que es uno de los pocos jugadores ATP que estudia: "Sigo la carrera de finanzas, estoy haciendo lo que debo hacer", argumenta Raonic, cuyo tío es vicepresidente de Montenegro desde la separación de Serbia, justo antes del Mundial de fútbol de Alemania 2006. 


El australiano Bernard Tomic (199° del ranking), de 18 años y nacido en Stuttgart, jugó ante Rafael Nadal en el Rod Laver Arena con el desparpajo del que irrumpe sin tocar la puerta. Perdió en la tercera rueda en tres sets, pero sorprendió al manacorí con una derecha impetuosa, avasallante. "Rafa me dijo que había jugado bien y que siguiera trabajando fuerte en el futuro. Haber recibido ese consejo de parte de un verdadero campeón como él es muy lindo", se ilusiona quien antes del duelo había hablado como un N° 1, asegurándole a la prensa que podía ganar.


Tomic, que dos años atrás se convirtió en el jugador más joven en avanzar una ronda de este Open con el auxilio de un wild-card, es un fuerte proyecto con cabeza todavía inmadura. Sus pocas pulgas le trajeron sanciones de 1500 dólares de parte de la Federación Internacional de Tenis (ITF) por abandonar un partido en la mitad, ya que su rival -supuestamente- no paraba de cometer foot faults. En Wimbledon 2009 no quiso entrenarse con Lleyton Hewitt, con quien está enemistado, y su padre y entrenador, John, amenazó a la Federación Australiana con nacionalizar croata a Bernard luego de diversos conflictos. Su actitud fuera de la cancha es su gran deuda. 


Richard Berankis (95°), de 20 años, asistió al derrumbe físico de David Nalbandian en este torneo desde el otro lado de la red. Lo paradójico del lituano, tratándose de un tenista, es que su apellido en su idioma significa "sin manos". Frente al cordobés, "Ricka", residente en Bradenton (Florida), impuso su saque y encontró buenos ángulos, aunque el partido ya había arrancado totalmente enrarecido por las molestias de David. El padre de Berankis, Genadijus, es taxista en Vilnius, su lugar de nacimiento, y su madre trabaja en el correo.  "Acá viví una gran experiencia", dice tras caer en la tercera rueda ante Ferrer.


El argentino Dante Bottini, uno de los coaches permanentes de la Academia de Nick Bollettieri, está a cargo del japonés Kei Nishikori (21 años; 82° en el listado), otra de las figuras emergentes. Seguido por un gran número de periodistas de su país, cuenta con un aparato publicitario rebosante de sponsors. "Mi objetivo más próximo es ubicarme entre los primeros 50 del ranking. Pero Rafa y Roger son lo más grande que ha ocurrido en la historia del tenis. Hoy, sólo algunos jugadores pueden derrotarlos, como Djokovic, Murray y Del Potro, que está volviendo", apunta Nishikori, apadrinado por Brad Gilbert, el mismo gurú que supervisó a Agassi, Roddick y Murray, entre otros.


Se animan, pelean, se golpean el pecho. Mientras que la gloria es propiedad exclusiva de los grandes, el recambio no pide permiso y ya hace ruido en el circuito. 

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